COLUMNA SEMANAL

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Sustentabilidad rentable

La sustentabilidad es una búsqueda incesante que cada día se hace más convocante por su capacidad de incluir todo lo necesario para contar con un futuro mejor y abarcador a partir de lo que tenemos.

Sustentabilidad no reclama dejar de hacer nada de lo que hacemos, en tanto y en cuanto no sea perjudicial para nadie ni nada, el desafío que plantea es el de mejorar tanto como seamos capaces para hacerlo mejor.

Sustentabilidad amplía nuestra mirada para que ingresen en nuestro foco de visión aquellos que son afectados con nuestro quehacer para que el efecto que genere en ellos sea positivo o, en el peor de los casos neutro, que en muchas oportunidades no está nada mal.

Esto sin dejar fuera de nuestra óptica a aquellos que nos afectan a nosotros con sus decisiones y a través de sus actividades porque el concepto de la sustentabilidad tiene que ver con que todos estamos vinculados y los vínculos enriquecen o deben ser corregidos para que lo hagan.

La sustentabilidad está soportada por un trípode para alcanzar un resultado de valor; el valor no puede ser negativo para nadie en ningún aspecto considerado por el trípode y el trípode reclama estabilidad por lo que necesita que sus tres aristas se mantengan parejas.

Las aristas del trípode en el que descansa la sustentabilidad son: personas, planeta y rentabilidad con esta última variable modificando la escala de las otras dos.

Si una de las patas del trípode cambia las restantes deben hacerlo hasta emparejarse; la que funciona como guía es la rentabilidad por ser el norte fijado por los grupos que más potencia invierten y la reclaman como resultado.

Si aumentamos la rentabilidad debemos ocuparnos de que aumente también el beneficio de las personas y del planeta que compartimos, es tan simple como eso lo que propone la sustentabilidad.

Ganancia tridimensional

La sustentabilidad es acción que apunta a resultados y los resultados son sostenibles porque incluyen la rentabilidad para recompensar los esfuerzos necesarios para alcanzarla, muy pragmático.

Esa rentabilidad tiene condiciones para ser tal; debe alcanzarse sin que nadie pierda, si esto no ocurriera sería abuso en alguna de sus variantes.

La condición para que nadie pierda cuando alguien gana es la de comprender que las ganancias no se refieren en exclusiva a términos económicos.

Estamos acostumbrados a pensar -en términos de ganancia- en una sola dimensión y es entonces cuando todos pensamos que si no ganamos dinero perdemos, aunque no sea necesariamente así ya que de hecho cuando obtenemos ganancias generando valor para el resto nos aseguramos una ganancia mejor, y más duradera.

La clave está en el valor, si obtenemos rentabilidad generando valor para nuestros empleados eso nos permitirá ganar más con empleados enriquecidos; si ganamos respetando el medio ambiente generaremos beneficios para todos que nos incluyen.

La sustentabilidad permite que nos enriquezcamos todos, en valores -donde cada uno obtiene el valor que persigue y le resulta pertinente para cada oportunidad- con un beneficio abarcador y sostenible.

Fernando Solari

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Sustentabilidad productora

Gestionar en forma sustentable permite alcanzar resultados superadores, en mucho, a los que estamos acostumbrados a obtener.

Desde el momento en que la sustentabilidad depende de que consideremos a la persona y al planeta -tanto como lo hacemos con la búsqueda de ganancias- partimos de asegurar que los logros que obtengamos serán abarcadores.

¿Hay espacio para considerar ganancias si tenemos en cuenta a la persona y al planeta?, es una pregunta válida para aquellos que no han incorporado la mirada de la sustentabilidad ni conocen de sus beneficios.

Esta pregunta requiere de comprender que hay dos modelos todavía en convivencia; uno que considera ganancia a lo que se le quita a otro, solo gano obteniendo el máximo posible y si tengo que reponer algo de lo que requiere mi toma de ganancia lo considero pérdida.

Así es como hay empresas -y claramente personas que son las que las componen y dirigen- que tienen personal bajo regímenes de explotación -o lo más cercano posible para evitar pérdidas-, que toman del medio ambiente lo que requiere su negocio sin considerar su reposición o que contaminan porque su foco está en su negocio -y en hacerlo rentable- y de los temas de medioambiente y otras cuestiones menores -para ellos- consideran que habrá quien se ocupe.

Esas personas no son empresarias, son abusadoras; y las consecuencias del daño que hacen las pagan ellas -lo reconozcan o no- y sus familias a las que no pueden impedir que vivan en una comunidad compartida con el único medioambiente disponible.

Hay otro modelo que considera que se puede ganar, y mucho, generando valor; de forma tal que las ganancias se incrementen a lo largo del tiempo y reciban beneficios desde los diferentes roles que llevan adelante dentro de la comunidad.

Esto ocurre por la capacidad productora que tiene la sustentabilidad, que no se limita a los bienes y los servicios sino que se enfoca en valores, superiores a todo otro beneficio alcanzable.

Valor producido

La sustentabilidad es productora de bienes y servicios con una mirada opuesta a la que termina en la obsolescencia programada ya que se enfoca en producir a partir de lo disponible y diseñar nuevos usos para que el rendimiento sea superior al esperado por quien utilice consideraciones convencionales.

La sustentabilidad produce bienestar cuyos resultados se elevan cada vez más; las personas que trabajan satisfechas -quienes encuentran la oportunidad de desarrollar y aplicar sus talentos- son aquellas que no encuentran límites y que obtienen resultados sobresalientes cuyos beneficios disfrutan junto con la comunidad para encontrar entonces un nuevo estímulo para superarse.

La sustentabilidad produce un clima favorable para que el aporte de la naturaleza ocurra en todo su esplendor y las condiciones estén dadas para que suceda lo mejor que se puede esperar.

Enriquecimiento es el resultado de aquellos que aplican la sustentabilidad tanto como el de aquellos que comparten la comunidad y el planeta ya que la producción de valor es ilimitada, progresiva y se multiplica al tiempo en que se expande.

Los beneficios de la sustentabilidad no son compartidos por no ser necesario que nadie ceda lo que necesita ni lo que persigue, cuando el enriquecimiento se produce en valores es posible que todos ganen tanto como se propongan debido a que los valores con los que se enriquece cada actor son diferentes.

Si todos queremos lo mismo el resultado será empobrecedor para la mayoría y el conflicto generado será creciente; a diferencia de lo que ocurre con la sustentabilidad que genera valores y el enriquecimiento es simultáneo.

Fernando Solari

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Sustentabilidad competitiva

El hecho de que la sustentabilidad se esté imponiendo como moda no la favorece en ninguna medida por varias razones atendibles y es la competencia entre empresas por sumarse a la corriente sustentable que en buena medida causan este efecto.

En primer lugar porque la moda impone un ritmo vertiginoso que no se condice en nada con el reposo que debe tener todo lo vinculado con la sustentabilidad para encontrar el preciado equilibrio que persigue como resultado compuesto por el trío de variables ineludibles: ganancias, personas y planeta.

La velocidad en la conquista de resultados -una condición impuesta en buena medida por la moda- es la que nos ha llevado a perseguir las ganancias sin tener en cuenta a las restantes variables; llevando a la degradación de las personas y del planeta donde todos vivimos hasta una situación de alerta que demandó la participación de la comunidad en su conjunto para llegar a acuerdos que tienen como centro la intención de revertir los resultados preocupantes.

La búsqueda de ganancias ha llevado al mundo de los negocios a abusar de tácticas como la obsolescencia programada para intentar mejorar sus resultados superando la barrera que impone un ciclo natural de consumo y, lo que es mucho pero, poniendo a las personas y al planeta al servicio de su búsqueda de utilidades.

La competencia detrás de este objetivo insensato ha sido estimulada desde diferentes ángulos y sectores con rankings donde los puestos principales están ocupados por personas que obtienen sus ganancias sin importar las consecuencias -llegando al extremo de mezclar empresarios exitosos con zares de las drogas dado que la única medida a considerar es el dinero acumulado-.

¿Cuánto es una ganancia justa? Podría ser una pregunta pertinente, sin embargo debemos tener en cuenta que en realidad las empresas deben ganar tanto como sean capaces de obtener, sin perder de vista ciertas sutilezas decisivas; lo que tienen que obtener es valor -que incluye pero que no se limita al dinero- y esto debe ocurrir como resultado de su capacidad para crearlo sin que ninguna persona, ni parte alguna del planeta, pierda como consecuencia.

El modelo de abuso propone como compensación una nueva competencia, esta vez en el terreno de los benefactores, intentando superar los montos que se destinan a la filantropía -de manera franca o tuneada de las formas más diversas- para poner en evidencia una nueva frustración, la que demuestra que la ayuda que no se realiza en forma sustentable mantiene la necesidad de ayuda condenando a muchos de los necesitados a sostener su condición.

Competencia sostenible

Si la sustentabilidad logra quitarse de encima las presiones y se aplica en froma estratégica pasará a una nueva categoría competitiva, la que permite que se destaquen empresas y empresarios al tiempo de enriquecer a sus comunidades.

La economía circular está delineando el marco que necesita para situarse en un modelo integral donde los beneficios que genera la sustentabilidad sean realmente generadores de valor, de un valor superador y abarcador que no pasa por reciclar sino por diseñar y encontrar el punto donde incluso los residuos generan valor.

El mundo de los negocios ha perdido la posibilidad de sostener sus diferenciales físicos ya que estos se roban o copian con excesiva velocidad y sin freno, teniendo en los intangibles la única chance de mantener los valores generados a lo largo del tiempo con chances de que la pendiente se mantenga positiva.

Las ganancias en términos de valor no tienen límite de crecimiento y enriquecer a la comunidad es la mejor estrategia para continuar con nuestro crecimiento y con ganancias en progreso.

La sustentabilidad bien aplicada está pasando a ser la variable estratégica que permite que las ganancias no tengan límites y que nuestros diferenciales no puedan ser copiados ni robados pero sí imitados; porque al ser producto de una construcción siempre nos dejará el margen de la anticipación y el hecho de que otros ingresen a la sustentabilidad como estrategia terminará beneficiándonos a todos.

Fernando Solari

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Macron y ¿cuántos más?

Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, en el cierre del verano europeo presenta como escenario para sus compatriotas un tiempo marcado por el fin de la abundancia, de las evidencias y de la despreocupación.

Seguramente el anuncio de Macron no sea exclusivo para Francia sino que abarque a toda Europa; aunque es razonable suponer que para el resto del mundo el escenario cercano no se presente muy diferente.

Como sea, lo importante es analizar las razones que nos llevan a este escenario que, si bien es desafiante, no se presente como resultado de un anuncio sino que es producto de una evolución; evolución condicionada por las decisiones tomadas por políticos como Macron -aunque el resto no lo anticipe con tanta claridad-.

Rol político

El rol de los políticos es básicamente administrativo; como no cuentan con la capacidad de crear riqueza sino que les compete administrar la riqueza común, conviene que sean estadistas en el sentido que señala el Diccionario de la Real Academia Española: “Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”.

Contar con saberes y experiencia en los asuntos del Estado permiten llevar adelante una gestión beneficiosa para los propietarios de la riqueza que gestiona el Estado: los ciudadanos, aunque el rol principal de los políticos no se limita a estas tareas.

Tiene además la función de determinar los límites que reducen las acciones de los ciudadanos a un terreno en común donde cada uno de ellos decidirá qué rol y función llevar adelante y, en base a su desempeño, talento, entrenamiento y experiencia lograr resultados que les permitan enriquecerse a ellos y a la comunidad de la cual forman parte, en valores.

Y tienen además la responsabilidad de fijar una visión -positiva y enriquecedora- para estimular a sus conciudadanos a poner energías, tiempo e invertir en lograrla.

¿Guía y facilitador?

En definitiva a los políticos se les cede la responsabilidad de ser guías y facilitadores para el progreso de la comunidad estimulando a los diferentes sectores a sumarse en pos de un futuro mejor y abarcador.

Si miramos en concreto qué ocurre con quienes desempeñan ese rol en los últimos años notaremos que su desempeño no está muy en línea con lo que suponemos ni con lo que les cedemos en representación.

El anuncio de Macron es una clara evidencia ya que nos muestra un escenario donde las particularidades que presenta son consecuencias de la inacción, o acción errada de los políticos [de Macron y muchos de los restantes líderes].

Frente a esta evidencia es pertinente preguntarnos, ¿Qué dirán los políticos en el año 2030 si no se cumplen las metas de Desarrollo Sustentable? Que es el inicio de un tiempo marcado por la crisis climática, por la pobreza y por la desigualdad…

Si bien las empresas son el actor más potente para impulsar el Desarrollo Sostenible si no contamos con los políticos cumpliendo con su rol [con su decisión y acción] en el futuro solo encontraremos líderes que definan el escenario que ninguno de nosotros quiso alcanzar.

Fernando Solari

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Sustentabilidad nuestra

La sustentabilidad tiene que ver con lo que hacemos, con cómo hacemos lo que hacemos pero, fundamentalmente, con las consecuencias que se desprenden de nuestras acciones que siempre nos alcanzan, para bien y para mal.

Actuar en forma sustentable requiere que dejemos de mirarnos el ombligo y consideremos al otro como parte de la comunidad que integramos y de la que no podemos desligarnos.

Si hay algo que nos condiciona como personas es contar con el instinto gregario que nos lleva a agruparnos y vivir en comunidad, esta tendencia natural contra la que no podemos luchar nos obliga a tener en cuenta al otro para lograr lo mejor de nosotros mismos; o ignorarlos, con consecuencias que siempre nos alcanzarán.

En la comunidad no hay otros; hay nosotros porque siempre formamos parte de un grupo aunque creamos actuar en solitario.

Y somos nosotros los que nos hemos convencidos de la necesidad de actuar según uno de los roles que llevamos a cabo logrando que los empresarios actúen como tal con una obsesión -en distintas graduaciones- por la ganancia económica, los profesionales buscando obstinadamente que todo lo que hagan tenga rigor científico y la lista puede seguir hasta cubrir cada uno de los roles disponibles.

La sustentabilidad, para que ocurra y se desarrolle, reclama que volvamos a considerarnos personas para que nos encontremos rodeados de pares y sea más sencillo considerarlos en todo lo que hacemos dado que eso somos por debajo de todos y cada uno de los roles que llevemos adelante.

Nuestros recursos

Si recuperamos la capacidad de ver más allá de nuestras narices no solo nos encontraremos con personas iguales, en buena medida, a nosotros y diferentes -por fortuna- para que lo que hagamos como comunidad sea superior -en mucho- a la suma lineal de talentos, energías y recursos de todos sus participantes.

Si consideramos a la comunidad como un “nosotros” será mucho más sencillo comprender que los recursos naturales son un bien común. Un bien que no nos permite mantenernos ajenos a su estado de conservación o escasez.

El planeta es compartido sin que logremos que modifique su comportamiento según los títulos de propiedad que podamos obtener; y mucho menos lograremos aislarnos de las consecuencias que genera su pérdida o degradación.

Seguiremos necesitando aire y agua limpios sin que importe que tan ricos o importantes hayamos logrado ser.

Lo único que es compartido en la comunidad son las consecuencias de nuestros actos ya que es imposible mantenernos aislados de la contaminación con la que contribuimos o de la inseguridad que genera la pobreza que ayudamos a generar; como tampoco logran esquivar estos efectos quienes se mantuvieron pasivos.

La riqueza es una búsqueda tan humana como noble que se multiplica cuando la buscamos teniendo en cuenta al otro con el que compartimos la comunidad ya que negarlo es limitarnos y perjudicarnos.

A la comunidad la conformamos todos y cada uno de nosotros a través de los diferentes roles que desempeñamos y lo que hacemos a través de uno de ellos tiene consecuencias que nos involucran en, al menos, alguno de los roles que no podemos evitar asumir.

Si comprendemos que siempre estamos nosotros involucrados en las consecuencias de todo lo que hacemos será más simple buscar beneficios que nos enriquezcan porque el enriquecimiento será para todos.

Si mejora la comunidad mejoramos todos, nosotros incluidos como parte inseparable de ella y es la sustentabilidad la que nos permite lograrlo poniendo en foco -en nuestra noble búsqueda de ganancias- al planeta y a las personas.

Fernando Solari

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Sustentabilidad en red

La sustentabilidad será posible como resultado de nuestro desempeño en las redes que formamos en cada una de las capas que conforman nuestra comunidad.

Vivimos en red porque las redes sirven para contenernos, nos permiten tener -y mantener- vínculos dinámicos entre los diferentes miembros de cada grupo, nos brindan la posibilidad de alcanzar mucho más de lo que lograríamos solo con nuestros brazos y nos mantienen unidos y formando parte de un todo en el que logramos aquello que en forma personal sería impensable.

Formamos redes porque nos lo impone nuestros instinto gregario y las mantenemos por conveniencia, por una sana conveniencia que representan todos los beneficios de la vida en sociedad.

Lo que es importante saber, para poder tejer las mejores redes en cada oportunidad, es que éstas se forman con hilos de razón que se transforman en redes cuando logran anudarse con nudos de emoción.

Los hilos de nuestras redes son las razones por las cuales hacemos cada una de las cosas que hacemos, por la razón que nos lleva a tomar una determinada decisión en vez de otra y por la que elegimos entre opciones para quedarnos con solo una de ellas.

La razón es un elemento determinante y siempre presente en todo aquello que las personas hacemos pero no podría transformarse en red si no fuéramos capaces de unirlo con otro hilo, de afirmarlos a ambos a través de la emoción.

Si a la razón no lo une y afirma la emoción no podremos construir las redes básicas para que la comunidad -o cualquiera de los grupos que la conforman- actúen como tal.

Si nos quedamos con razones tendremos cortinas que nos parecerán límites hasta que alguien se anime a enfrentarlo y descubra que son cortinas formadas por hilos desconectados entre sí.

Las razones por sí solas solo construyen teorías que, si no se llevan a la práctica no podrán generar resultados, no cambiarán nuestras vidas; ni a favor ni en contra.

En todo lo que hacemos con nuestras vidas, con todas nuestras relaciones, en cualquiera de los sitios donde llevamos nuestra vida adelante habrá redes de las que formemos parte porque así funciona -metafóricamente- la comunidad de la que no nos podemos separar.

Decisiones emocionales

El desafío se presenta cuando nos cuestionamos por qué tomamos decisiones que parecieran ir en contra de la comunidad, cuando vemos que el proceso natural de las redes se encuentra con decisiones destructivas tomadas por personas que dañan a las redes mismas y al ambiente necesario para que evolucionen.

Las redes son la comunidad y todo lo que la conforma; tenemos redes formadas por instituciones, organizaciones, empresas, ONGs y la lista sigue hasta abarcar a todo aquello que hacemos las personas como integrantes de un grupo, deseando o no pertenecer a él, como puede ocurrir con una comunidad y ciertas personas que no se adaptan a ella.

Si mantuviéramos la figura metafórica de la red sería simple ver un modelo que nos lleva a aplicarlo en forma de proceso donde vamos diseñando los hilos para, llegado el momento, unirlos con otros a través de un nudo emocional y así seguir adelante hasta que el proceso nos deje una red que se vaya perfeccionando con el tiempo.

Ese proceso lógico no es más que la forma que creemos correcta de un armado como el que describimos pero al que la realidad lo ejecuta de otro modo por una razón principal: el hombre -en términos prácticos- no es un ser racional como se presenta sino que es un ser con capacidad de raciocinio movido por las emociones.

De esta forma las redes; compuestas por hilos de razón unidos por nudos de emoción nos sorprenden por estar formadas al revés de cómo creemos que lo están; tomamos decisiones emocionales que luego argumentamos para que sean aceptadas por aquellos que se involucraron a través de la pasión y poder sostener el armado de la red para continuar con su tejido y evolución.

Si aceptamos este proceso de funcionamiento social veremos con mayor claridad por qué el hombre actúa en contra de la naturaleza sin atender razones, por qué la sustentabilidad es un discurso que cuesta tanto llevar a la práctica y por qué aquello que en mayor medida se hace a favor de la comunidad no son más que versiones de una filantropía y un asistencialismo que ya han comprobado su ineficacia.

Fernando Solari

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Sustentabilidad en grupos

La sustentabilidad resulta, en buena medida, del vínculo que seamos capaces de construir con la comunidad presentando esta gestión algunos desafíos sobre los que vale la pena detenerse para poder resolverlos de la mejor forma posible.

La comunidad es una abstracción inasible con la que tenemos sensaciones encontradas ya que formar parte de ella nos genera sentido de pertenencia familiar mientras hay sectores que nos resultan completamente extraños e incomprensibles.

La comunidad finalmente es una sola y llega al extremo en que es claro notar que somos parte de la humanidad sin que importe el color, la nacionalidad, el sitio de origen como tampoco el de residencia ni sus orientaciones, ideas o creencias.

Hay verdades universales y modelos de gestión; la sustentabilidad forma parte de la posibilidad de que cada uno de nosotros -integrantes sin dudas de la humanidad global- podamos gestionar un vínculo de valor con la comunidad.

Todo tipo de organización -las empresas no quedan fuera- son grupos de personas que comparten razones y emociones para mantenerse unidas; en las empresas esto se sintetiza a través de una misión [lo que la empresa hace], visión [la aspiración que pretende alcanzar la empresa] y los valores [la forma en que quiere funcionar] que, en tanto y en cuanto sean compartidos, mantendrá al grupo unido.

Esa empresa, como todas las demás, forma parte de la comunidad por dos razones; porque su actuación ocurre en la comunidad y porque las personas que la conforman lo hacen llevando a cabo uno de sus tantos roles mientras los restantes los siguen desarrollando en la comunidad [gerente en la empresa; transeúnte, padre, hijo, hermano, socio de un club… en la comunidad. Todos roles que corresponden a una sola persona como ocurre con las restantes].

Para la empresa formar parte de la comunidad es una condición ineludible que tiene que sostener por lo que requiere que la comunidad la acepte como integrante y que la relación sea enriquecedora para ambas partes.

El vínculo con la comunidad suele ser puesto en evidencia a través de una acción impactante que la empresa lleva a cabo con un emergente de la comunidad y es así como hay empresas que hacen grandes donaciones a un hospital sensible [generalmente dedicado a la atención de niños, por tomar solo un ejemplo entre tantos] para demostrar su compromiso comunitario, logrando que la intensidad del episodio evite que se preste atención al resto de las acciones que lleva a cabo la empresa.

Partes de un todo

Esto funcionó mientras la comunidad estuvo en buena parte concentrada detrás de los medios masivos que la tenían como público pasivo pero parte de los cambios del nuevo milenio hacen que cada grupo de los que conforman la comunidad tenga voz propia y requiera ser tenido en cuenta por lo que la relación con la comunidad deja de estar concentrada y pasa a atomizarse por grupos.

Los llamados “grupos de interés”, aquellos cuyo comportamiento afecta a la empresa tanto como el desempeño de la empresa los afecta a ellos son los grupos que -sin importar su magnitud- deben tener un vínculo de valor con la empresa para que ésta opere sin crisis a través de una relación donde la empresa sea proactiva y sea capaz de poner en evidencia el valor que genera para cada grupo considerando como valor lo que para cada grupo sea tal.

La diversidad de casos en los que los grupos de interés modifican las actuaciones de las empresas tiene una evidencia representativa en los casos en los que vecinos de plantas industriales con inversiones multimillonarias han obligado a cambiar los planes de la empresa.

Tener la oposición de los vecinos por considerar inconveniente la presencia de la empresa es razón suficiente para obligar a un cambio de planes radicales en oposición a lo que podrían considerar grupos en apariencia más poderosos.

La conocida “licencia para operar” que brinda la comunidad está teniendo cada día más exigencias por parte de los grupos de interés y requiere mayor atención por parte de las empresas en su búsqueda por llevar a cabo una gestión sustentable concreta.

Fernando Solari

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Sustentabilidad barrial

La sustentabilidad requiere tener un vínculo de valor con todos y cada uno de los grupos que influyen y son influenciados por la actividad de la empresa ya que esa es la única forma de gestionar la pertenencia con su comunidad.

Los vínculos siempre se construyen de a dos y aquellos que tienen como parte activa a una empresa deberán tener del otro lado a un actor semejante; al menos medido desde su capacidad de influir con su comportamiento a la empresa, razón necesaria para que sea considerado como “grupo de interés”.

Los grupos de interés conforman el universo de vínculos de toda empresa o institución con los cuales deberá tener una relación enriquecedora o correrá el riesgo de perder la conocida “licencia para operar” lo que equivale al rechazo social, situación que pocas veces puede ser superada por una empresa.

Los grupos de interés son variados y diversos conformando un mapa de territorios sobre los que la empresa tiene que hacer mucho más que mantener relaciones cordiales ya que no se trata de cuestiones diplomáticas sino de temas concretos que deben terminar con el enriquecimientos de ambas partes para que se mantengan sin conflictos.

Para que el enriquecimiento sea mutuo es vital conocer lo que representa valor para todos y cada uno de los grupos de interés, tanto como lo que represente valor para la empresa como resultado del vínculo particular que tenga con cada uno de ellos, de forma tal que pueda ser generado dejando a cada uno de los actores intervinientes la certeza de que la relación es enriquecedora.

Para que la relación sea sustentable requiere de dos componentes; primero debe ser un vínculo que excede la relación comercial de la empresa y segundo debe ser particular y enfocado para cada uno de los grupos de interés teniendo como actor común a la empresa en cuestión.

Ofrecer al mercado un producto o servicio de valor es una condición necesaria pero insuficiente para contar con un vínculo comunitario que nos asegure que podremos mantener la aceptación de la comunidad para mantenernos como parte de ella.

El valor que pretende cada uno de los grupos de interés como resultado del vínculo no se limita al dinero y en muchos casos está muy lejos de cuestiones económicas sin que eso le haga perder valor y mucho menos importancia.

Presencia cotidiana

Entre todos los grupos de interés está el barrio; el sitio donde nos vieron nacer, crecer y desarrollarnos o aquel donde nos instalamos para pasar días tras día haciendo lo mejor que podemos hacer en contacto con quienes nos rodean.

El barrio no es solo el sitio donde comenzamos con una idea que terminó siendo una planta de producción, también lo es en donde ponemos nuestros locales comerciales, oficinas y todo aquel punto de contacto con nuestros clientes y proveedores que nos muestra tal y cual somos frente a la comunidad con la que compartimos el día a día por encima de nuestro rol empresarial.

Aquellos vecinos cercanos no son solo los que comparten el barrio y por los que tenemos que demostrar predisposición positiva sino que son las personas que funcionan como la primera línea de contacto con la comunidad, aquellos que nos eligen y nos defienden, quienes saben nuestros secretos y se sienten orgullosos de compartirlos cuando los confirman positivos y abarcadores.

En un mercado como el actual, donde cuando un comercio tiene éxito queda automáticamente rodeado por competidores como ocurre con las sucursales bancarias, supermercados, comercios de ropa, alimentos… y la lista puede seguir sin agotarse hasta completar el rubro retail, tener un vínculo de valor con el vecindario pasa a ser un diferencial competitivo.

Cuando nos parecemos en todo nos diferencian nuestras relaciones, cuando nuestra oferta es similar el valor agregado lo aportan los vínculos que construimos, cuando estamos parejos en todo son las referencias las que definen y no hay referencias más cercanas que las de nuestros vecinos.

Trabajar construyendo un vínculo de valor con nuestros vecinos supera en mucho la pretensión de conservar la licencia para operar y se transforma en un diferencial competitivo como solo la sustentabilidad puede brindar.

Fernando Solari

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Sustentabilidad distintiva

Las organizaciones de todo tipo tienen que demostrar que son capaces de brindar mucho más de lo que se espera de ellas por varias razones que se potencian entre sí; en primer lugar porque si se limitan a hacer lo que se espera de ellas sería muy sencillo suplantarlas, y la permanencia es un valor en sí mismo.

Permanecer es un valor que implica progreso porque la comunidad es la que avanza y evoluciona por lo que si una organización se estanca para la comunidad representará un retroceso.

Si una organización se limita a cumplir su rol recurrir a ella será solo en busca de completar un trámite administrativo que, antes que ser suplantado por otra organización, encontrará el sustituto en una simple herramienta a la que la tecnología facilite su acceso.

Si una organización no brinda valor se limita a consumir valor sin que haya un intercambio por lo que se enfrentará con un reclamo razonable que le exigirá dejar de consumir aquello que no abunda y puede ser invertido en mejores organizaciones medidas en término de valor generado.

Este escenario es impensable en el sector de las empresas por su naturaleza competitiva y porque hay grupos de interés que reclaman como no lo hacen otros grupos de la comunidad teniendo a los inversores en la primera línea.

Diferente por supervivencia

El progreso de las empresas por salir del terreno de lo esperable para poder mantenerse compitiendo en el mercado descansó en la innovación y pericia por ofrecer productos y servicios superiores a los de la competencia con un agotamiento generado por la facilidad con la que se copian -o roban en forma desprejuiciada- las innovaciones contado con ingeniería inversa que en muchos casos permite mejorar lo que se copia en el caso de los productos tangibles como lo es la capacitación y la difusión de conocimientos para los servicios.

Frente a esta nueva realidad las empresas encontraron oportuno desarrollar -o poner en evidencia para aquellas que lo tenían desarrollado- el vínculo con la comunidad para validar la licencia social que requerida para actuar sin conflictos e intentar contar con la protección de la comunidad frente al embate de competidores inescrupulosos a quienes nos les importen los métodos para tomar su lugar.

La primera reacción consistió en mostrarse como Socialmente Responsables confiando en que de esa forma la comunidad no solo renovaría su aceptación sino que las preferiría gracias a su condición de compromiso comunitario.

Buscar distinguirse por la condición de responsable implica que hay empresas que no lo son y esto es inválido por naturaleza; la condición de irresponsable impide mantenerse en la categoría empresaria tanto como el ser responsable es una condición básica para toda empresa que pueda ser considerada como tal.

Los esfuerzos invertidos en mostrar que uno es lo que se espera que sea son inválidos en términos diferenciales por genéricos.

Destacarse requiere de diferenciales que sean sostenibles y de valor por lo que el concepto de sustentabilidad es el que mejor se adecua como generador de valor sostenible representando el máximo valor distintivo y competitivo para construir reputación en forma integral.

Si la reputación es el resultado de una imagen y un prestigio coincidentes en esencia y potenciadores en términos de resultados generarla integrando al negocio con la comunidad, las personas que la componen y el medio ambiente común permite obtener tanto valor competitivo como seamos capaces de generar.

Nos distinguimos por aquello que hacemos, por cómo lo hacemos y de qué forma lo mostramos teniendo en el comportamiento sustentable la oportunidad de alcanzar la máxima distinción reconocida -y valorada- por toda la comunidad a través de cada uno de quienes la componen.

Fernando Solari

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Sustentabilidad límite

El concepto de Sustentabilidad suele confundirse con frecuencia con el de Sostenibilidad y es por eso que acostumbran a ser utilizados como sinónimos a pesar de sus diferencias.

La sostenibilidad hace referencia a una condición que en el caso de la sustentabilidad es vital; la que pone en evidencia que si la búsqueda por la sustentabilidad no se mantiene en el tiempo los beneficios obtenidos quedan condenados.

En el terreno de las empresa la cualidad de ser sostenible es una condición necesaria que no puede ser desatendida nunca debido a que dejaría sin efecto todos los logros anteriores.

La primera e irremplazable condición para que una empresa sea sostenible está dada por la rentabilidad; si una empresa no gana dinero no podrá mantenerse, a excepción de que se encuentre haciendo una inversión o los cambios que la realidad le proponga para recuperar la rentabilidad.

La rentabilidad es tan básica para una empresa, está tan en su esencia, que sin ella deja de ser empresa; podrá transformarse en cualquier otro tipo de organización pero ya no será una empresa si pierde la rentabilidad hasta el punto en que no sea posible recuperarla.

El foco que ponen las empresas, de forma natural, hacia la obtención de rentabilidad lleva a preguntar: ¿cuánta ganancia es razonable obtener?

La respuesta la tiene la sustentabilidad; tanta ganancia como seamos capaces de obtener sin que otros pierdan como consecuencia.

Incluir la triple línea de beneficios facilita la respuesta; si tengo que medir mi desempeño según el resultado social de mi actividad y mi ganancia se incrementa a costa de que haya personas esclavizadas en el proceso de producción allí encuentro un límite para mi rentabilidad, si puedo aumentar mis ganancias a costa de dañar el medio ambiente ese es otro límite que no debo cruzar.

La sustentabilidad hace a la rentabilidad ilimitada porque aquello que obtenemos a costa de la pérdida de otros no es ganancia, es abuso.

El grupo cuenta

La rentabilidad no es más que valor a cambio de valor generado que depende de un grupo sostenido para que el resultado positivo ocurra.

Las empresas, que no son otra cosa más que personas unidas a través de una misión común con una visión compartida y valores que los sostienen, debe lograr que el grupo de personas que la conforman sea sostenible.

Las posibilidades de incrementar la rentabilidad, sin que nadie pierda ni se perjudique como consecuencia, dependen de los talentos con los que cuente el grupo y es por eso que mantenerlos es un foco del que no se puede quitar la atención.

Esto ocurre cuando se tienen en cuenta algunos factores tan simples como básicos que se relacionan con el vínculo comunitario.

Si la elección para llevar adelante el vínculo con la comunidad es a través de la compensación es cuestión de tiempo para que se ponga en evidencia el fracaso como actor social y como plan para retener talentos.

Si optamos por la filantropía estaremos imponiendo una decisión personal a un grupo por lo que el grupo perderá su sentido haciendo que la falta de logros de valor lo termine de desmembrar.

Los talentos tienen la característica de estar en manos de personas íntegras y comprometidas con la comunidad de la que se sienten parte, solo por esto es la sustentabilidad aplicada la mejor forma de retenerlos y ofrecerles la mejor condición para que lo desarrollen tanto como para que logren los mejores resultados, en términos de rentabilidad, sociales y ambientales.

Fernando Solari

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Sustentabilidad gradual

La sustentabilidad, en mayor o menor medida, en distintas versiones y en diferentes graduaciones, se termina imponiendo como parte de la actividad empresarial para acercarse al punto en que su aporte de valor enriquezca tanto a la comunidad como a la empresa que la lleva a cabo.

En ese avanzar a favor de la comunidad -y de nuestro negocio- a través de la sustentabilidad vamos pasando etapas lógicas y razonables que deben implicar un crecimiento para validarlas teniendo por primer punto la identificación del valor generado y de su cobertura.

Si con lo que hacemos a favor de la comunidad no generamos valor, por menor que este sea, estamos haciendo algo que suponemos tiene que ver con la sustentabilidad medido según nuestro criterio; y la sustentabilidad si algo ha logrado a lo largo de su evolución es un acuerdo conceptual vinculado con su aporte y con su alcance.

Sustentabilidad implica, en primer lugar, generar valor teniendo en cuenta que valor no equivale necesariamente a dinero sino que lo incluye integrando otros muchos valores básicos y fundamentales que en muchos casos son necesarios para ganar dinero.

En segundo lugar el acuerdo alcanzado en relación con la sustentabilidad es aquel que tiene que ver con la necesidad de medir lo que hacemos con una triple vara; la económica se mantiene porque sigue siendo ineludible pero debe ser compartida con los resultados sociales y ambientales que generamos.

En especial en el ámbito empresario si bien no podemos dejar de ganar dinero lo que no podemos es hacerlo a costa de generar pérdidas en el terreno social o ambiental.

Evitar pérdidas -o daños- sociales o ambientales como consecuencia de nuestra ganancia económica no es más que la puerta de ingreso a la sustentabilidad ya que su aporte diferencial y competitivo tiene que ver con cuanto valor aportemos en esos terrenos.

Poco, pero eficiente

Puestos a trabajar en el terreno de la sustentabilidad lo razonable es hacerlo en forma gradual sin que esto signifique que nos quedemos con buenas intenciones sin alcanzar resultados.

Si bien la actitud es determinante, cuando lo hacemos para cumplir -o porque el resto del mercado lo hace- nos limitamos a la buena voluntad con la impresión de que participamos sumando nuestro aporte.

Así es como los mails corporativos siguen incluyendo mensajes que alertan sobre los efectos negativos en caso de imprimir el mensaje, que transmiten culpa por anticipado y que exigen sea analizada la necesidad antes de cometer la imprudencia.

A la tendencia se suman los cajeros automáticos que alertan sobre el daño que causa el consumo de papel al medioambiente mientras ofrecen la opción de imprimir o no el ticket con la operación realizada entregando su responsabilidad a manos del cliente.

Las empresas que organizan un sorteo entre aquellos clientes sensibles y responsable que decidan dejar de recibir facturas en papel facilitando la labor de la empresa, su gestión de costos y su involucramiento sustentable.

Las cadenas que proponen dejar la incomodidad del cambio chico para que la empresa done el resultado en una acción donde quienes financian su supuesta sustentabilidad no entran en la foto.

Las acciones se repiten con variables pero con la transmisión de culpa siempre presente y destinada a movilizar al otro para cumplir con metas internas que de hecho se documentan prolijamente en los reportes de sustentabilidad.

La sustentabilidad es gradual, sin dudas, pero para que así sea tiene que comenzar con la orientación apropiada y la variación estará en su intensidad que se incrementará a medida que avancemos, aprendamos y mejoremos la forma de aplicarla.

Fernando Solari

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Sustentabilidad esférica

La sustentabilidad implica un cambio tan simple como radical; es simple porque consiste en recuperar nuestra naturaleza y es radical porque requiere que regresemos de preconceptos que nos han alejado del punto de equilibrio que nos ofrece la naturaleza de la que formamos parte.

La naturaleza nos brindó cualidades que nos obligan a ser protagonistas de la evolución por nuestra capacidad de intervención sobre la misma naturaleza; estar sujeto a sus leyes mientras tenemos la capacidad de modificar su desarrollo aturde al mejor preparado.

La naturaleza le debe temer al hombre sin que esta potencia humana sea suficiente para doblegar sus designios ya que la supervivencia del hombre sigue estando sujeta a las fuerzas de la naturaleza.

Estamos frente a una encrucijada compleja que nos obliga a replantear nuestro comportamiento comenzando por nuestra forma de pensar.

La evolución ha puesto al hombre como centro del universo gracias a su capacidad de dominio; instalar ciudades en desiertos, dominar la energía nuclear, ganarle tierra al mar, modificar el rumbo de ríos son algunas muestras capaces de entusiasmar al hombre más tímido y reacio a creer en su poder.

Tenemos noticias de que hubo un ser dominante por instinto y energía -dinosaurios- que finalmente desapareció de la faz de la tierra por decisión de la naturaleza y el mundo siguió su rumbo sin conflictos melancólicos a la vista pero tenemos margen para presumir que en el caso del hombre las cosas puedan ser diferentes.

La evolución innegable del hombre tiene la paradoja de acercarlo cada vez más a la naturaleza para poner en evidencia su dependencia dado que su subsistencia depende de ella.

Podemos dominar a la naturaleza y ponerla a nuestro servicio pero ese poder nos condena.

Debemos respetar a la naturaleza porque estamos hechos de ella y en nuestro andar, en nuestras decisiones, debemos considerarla; tanto como ocurre cuando se trata de la comunidad.

Si miramos hacia la comunidad de ninguna forma estamos mirando hacia afuera tal y como ocurre con la naturaleza.

El mundo es tridimensional

El hombre se ha instalado, por capacidad y evolución, en el centro de un universo compuesto por tres ejes que le dan forma a un sistema esférico.

La forma esférica es la que mejor permite el desarrollo, evolución y progreso de la vida de cada una de las personas que componen el mundo; un mundo único, compartido e integrado por esas mismas tres variables en diferentes proporciones.

El primer eje es el de los beneficios, el que controla la conveniencia y -en tanto y en cuanto no se modifique el sistema predominante- está dominado por la economía, en especial por la disponibilidad económica de cada persona.

El segundo eje tiene que ver con la posición dominante compartida que tiene cada persona con el resto de la comunidad vinculado con nuestro instinto gregario y en especial con las interacciones inevitables entre personas con cualidades diferentes y en muchos sentidos complementarias. Al no estar solos en el mundo no podemos tomar decisiones que involucren a otros sin tener consecuencias con la evidencia de que el respeto por los otros es el mejor camino para ser respetados.

El eje restante es aquel dominado por la naturaleza que se encarga de recordarnos que nuestro poder resulta insignificante frente a la potencia infinita e indómita de la naturaleza.

Tres ejes forman una esfera cuando son simétricos mostrando la mejor expresión de nosotros mismos cuando tenemos en cuenta a nuestra conveniencia sin descuidar al resto de quienes conforman nuestra comunidad ni a la naturaleza de la que formamos parte.

Considerar a los tres ejes de manera equitativa, y por lo tanto equilibrada, es lo que hace la sustentabilidad; permitiendo que alcancemos la figura esférica que representa la mejor metáfora para avanzar sin obstáculos sobre cualquier superficie hacia donde el valor obtenido sea beneficioso para todos.

Fernando Solari

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Sustentabilidad común

La gestión, y resolución, de los problemas y desafíos que enfrentan las comunidades encuentran en la sustentabilidad la oportunidad de obtener al bien común como resultado abarcador.

La detección de problemas que involucran a la comunidad suele seguir un derrotero con escalas que dependen de la óptica desde donde se enfoque el problema; un análisis comprometido con los intereses que responden a una posición predeterminada suelen resultar en una posición considerada ideal para quienes están involucrados, o comulgan, con esa postura en particular.

Y los problemas que afectan a la comunidad suelen ser problemas abarcadores, tanto que requieren de la mirada más amplia que podamos obtener para que la solución que se obtenga lo sea -aunque en distintos grados- para todos los involucrados.

La mirada de la comunidad no puede ser sesgada desde que aceptamos que una auténtica comunidad debe ser integradora para todas las personas que la componen sin importar detalles ni características de ninguna índole.

El intento de gestión de un problema comunitario suele chocar contra la imposibilidad de dejar a todos satisfechos con la solución, cuestión que ha dejado de ser menor cuando virtualmente no quedan personas sin posibilidades de hacer escuchar su voz y compartir sus puntos de vista.

Uno de los tantos avances conceptuales que se van logrando poner en concreto con la evolución que comienza a ganar presencia en el nuevo milenio es que cada vez se hace más difícil presentar como equivalente del “bien común” al “mal menor”.

Los tristemente famosos “daños colaterales” que puso en evidencia la primera guerra transmitida en directo por la TV mundial ya son insostenibles frente a una comunidad que cuenta con herramientas a su disposición para saber lo que ocurre sin ocultamientos y para expresar lo que piensa sin mediadores.

El bien común, que encontraba el impedimento de la gestión comunitaria abarcadora como excusa para su desarrollo pleno, ya tiene a la sustentabilidad como su mejor aliada.

Suma de partes

La comunidad es ciertamente inasible si la consideramos una masa como indican aquellos libros que han quedado invalidados por la realidad, pero si la consideramos compuesta por personas y mantenemos la mirada sobre los individuos veremos que cada uno de ellos lleva adelante diferentes roles; cambiantes y con la particularidad de que algunos de ellos sean compartidos por todos, aunque no presenten sincronía.

El punto de encuentro básico y común es que todos somos hijos y esa coincidencia tan sencilla nos habilita a tener un vínculo que, si se apela al rol de forma apropiada, logrará el compromiso de todos y de cada uno.

Todos somos peatones -con independencia de nuestros roles-, todos somos consumidores -con independencia del qué, cómo y cuánto- y de esa forma vamos formando grupos en los que podremos tener coincidencias y sobre los que podremos involucrarnos por referencia o por pertenencia.

Las variables transversales para todos y cada uno de los grupos que podemos formar -e identificar para tener una gestión positiva dentro de la comunidad- son aquellas variables que gestiona la sustentabilidad.

En todo lo que hagamos estará presente el costado social -porque somos gregarios por naturaleza-, el costado ambiental -porque compartimos la única casa común disponible- y el económico -porque los intercambios los seguimos haciendo a través de papel moneda-.

Para resolver problemas y desafíos comunitarios de forma tal que el resultado sea beneficioso para todos y cada uno de los integrantes de la comunidad la sustentabilidad contiene el mejor patrón de medida ya que, si la triple línea de beneficios ofrece resultados positivos, el bien común que se obtenga será el equivalente a valor para todos los involucrados.

Fernando Solari

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Sustentabilidad tentadora

Al involucramiento de cada día más empresas, instituciones y organizaciones en temas relacionados con la sustentabilidad la acompaña la demostración de que hay algunas tentaciones que vencer para que sus efectos vayan en la dirección esperada y sean sostenibles.

Frente a la decisión de recorrer el rumbo de la sustentabilidad hay reacciones que en buena medida están condicionadas por seguir una corriente potente, de buena presencia, que nos lleva hacia sitios donde hubiéramos preferido no estar si contáramos con alertas tempranos apropiados; estos son:

Pensar en un cambio

La sustentabilidad no implica un cambio en el sentido de dejar de hacer lo que hacemos -cuando lo que hacemos sea llevar a cabo nuestra misión y está es tan legal como satisfactoria para nosotros y las personas vinculadas-, si es una misión que nos permite obtener ingresos de manera digna sin quitarle a nadie lo que no nos pertenece ni perjudicar el medio ambiente.

La sustentabilidad permite hacer lo que hacemos con una mirada más abarcadora y, por lo tanto, beneficiosa para todos los involucrados.

Sustentabilidad implica mejorar sin perder de vista que no siempre mejorar es cambiar; en especial cuando lo que está en juego es nuestra misión en el mundo.

Si hacemos lo que hacemos, y lo hacemos con éxito, suele estar vinculado con tareas y roles que son necesarios y valorados; levarlo a cabo de manera sustentable es hacerlo mejor aún de cómo lo estamos haciendo.

Migrar de terreno

Si estamos en el terreno empresario no tenemos que migrar hacia el terreno de las ONGs [Organizaciones No Gubernamentales], si estamos en el terreno del gobierno no tenemos que migrar hacia el terreno empresario ni transformarnos en aquello que no somos por creer que los únicos buenos son los otros.

Si somos empresarios la sustentabilidad nos ayuda a ser mejores empresarios, incrementando incluso nuestra competitividad, como no podría ser de otra forma.

Hechos o palabras

Es prudente dejar de lado la elección entre hacer o decir porque ya queda lo suficientemente claro que la realidad está compuesta por ambas: por los hechos concretos y por cómo los hechos se perciben. Si nos ocupamos solo de la acción vamos a lograr mucho menos de lo que podríamos lograr por varias razones; porque no vamos a permitir que se tome como ejemplo lo que hacemos, impediremos que llegue a tantas personas como sería necesario, le vamos a brindar un tinte de clandestinidad que no tiene, vamos a impedir obtener resultados de valor… y las pérdidas se pueden seguir enumerando.

Si comunicamos sin hacer vamos a ser descubiertos y perderemos una oportunidad valiosa; en especial porque vamos a dilapidar confianza que cuesta mucho recuperar.

Si lo que hacemos por alguna razón nos avergüenza comunicarlo tenemos que dejar de hacerlo porque lo que nos incomoda pone en evidencia algo que no es como lo imaginamos; y buscar nuevamente hasta encontrar aquello que podamos hacer con resultados de valor amplificados a través de la comunicación apropiada.

Nos hace competitivos

Cuando somos empresa la sustentabilidad nos brinda diferenciales competitivos de valor imposibles de obtener por otros medios.

Cuando somos organizaciones de otro tipo nos hace competentes; nos hace más eficaces, nos permite ser mucho mejores aún de lo que somos.

La sustentabilidad es una forma de gestión cada vez más tentadora que requiere prestar atención para que el entusiasmo que genera no nos lleve a caer en las tentaciones que nos llevan por atajos o caminos que se parecen solo al inicio.

Fernando Solari

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Sustentabilidad dialogada

La sustentabilidad no ocurre sola sino que es una construcción que reclama se tengan en cuenta las condiciones necesarias para su desarrollo tanto como las condiciones que deben darse para que evolucione de la mejor forma posible.

En término de actores es conveniente tener en cuenta la relación con los grupos que conforman a la comunidad con la que tenemos vínculo directo.

Dado que la comunidad como tal es una abstracción, el primer paso que deberemos dar para vincularnos con ella es saber cuáles son los grupos con los que podremos tener un vínculo de valor que los incluya en la categoría “grupos de interés”.

“Grupos de interés” es la forma de denominar a los técnicamente llamados “stakeholders”, como se identifica a todos los grupos que tienen influencia sobre nosotros tanto como nosotros la tenemos sobre ellos.

Solo si un grupo es afectado por nosotros y a su vez nos afecta cumplirá con el requisito para transformarse en grupo de interés, característica que pone a las claras una relatividad que se modifica según cambie uno de los actores.

Aquellos grupos que influyen sobre una empresa no necesariamente son los mismos que influyen sobre otra por lo tanto el primer desafío consiste en identificarlos de manera correcta.

Estos grupos se sitúan en los ambientes más diversos incluyendo el interior de nuestras organizaciones en donde claramente encontraremos grupos de interés cuya influencia será directa e instantánea en relación con el efecto que genere en nuestro comportamiento y resultados.

No más públicos

Tanto para identificarlos como para vincularnos con los diferentes grupos de interés se hace necesario dejar de lado un concepto tan arraigado como inválido para el uso de herramientas de comunicación como es el de público.

La equivalencia entre grupos de interés y públicos no resulta tal por la incapacidad de estos últimos para poner en evidencia sus intereses, respuestas y cambios de conducta; el concepto de público es pasivo y los grupos de interés pueden tener todo menos pasividad.

Los públicos son aquellos grupos que se exponen frente a un discurso único que proviene de un medio unidireccional que solo les permite generar una respuesta indirecta con señales que nos permitirán presumir que el resultado es el que generamos a través de nuestros estímulos.

La publicidad convencional, tanto como la propaganda, se dirigían a un público como lo hacía una directora de escuela frente a sus alumnos formados en el patio -entre otros tantos ejemplos- para que luego se identificaran los efectos y resultados de los estímulos transmitidos.

Poderosos y activos de un lado, débiles y reactivos del otro, encadenando una secuencia donde la guía era potente y pocas veces ofrecía alternativas para ser evitada.

Hoy todos somos actores que emitimos con capacidad de influencia y con la necesidad de intervenir en diálogos donde ambas partes requieren atención.

Considerar a un grupo de interés como un público al que puedo presentarle mis intenciones de manera seductora y persuasiva me llevará a un fracaso que me imposibilite conseguir el valor que pretendo.

Los vínculos se construyen a través del diálogo y es este diálogo el que permite que el resultado sea de valor para las partes que intervienen, como ocurre cuando la sustentabilidad se desarrolla.

Fernando Solari

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Sustentabilidad demandada

Las empresas notan que la comunidad les demanda más compromiso y responsabilidades cambiando de manera radical la forma de llevar adelante los negocios ya que al modificar la realidad los caminos se bifurcan.

La primera reacción suele ser la más impulsiva y es la que se recomienda descartar; en este caso a las empresas les cabe la pregunta de por qué les reclaman a ellas cuestiones que son de competencia directa de los gobiernos.

Incluso aquellas demandas en relación al desempeño de ciertos negocios que califican amablemente como controversiales -mineras extractivas, tabacaleras, industria armamentística por tomar algunos pocos ejemplos- tienen todos los papeles en regla y hacen exclusivamente lo que les permiten hacer quienes fijan las normas en nombre de la comunidad.

Por este lado aparece una crisis de representación de los intereses de la comunidad que ameritan otro espacio y un análisis diferente, pero lo que queda claro es que “yo no fui” deja de ser opción válida para las empresas que deberán buscar por otro lado.

Asumir el reclamo comunitario puede representar para las empresas una carga extra considerando que luego de cumplimentar todas las exigencias a las que tienen que responder ahora se suma una que parte en forma directa desde la comunidad y que los enfrenta a una suerte de velada extorsión: o dejan contenta a la comunidad o ésta se encargará de hacerles la vida imposible.

Esta reacción pone en evidencia la forma de actuar de ciertas y determinadas empresas que utilizan para leer la realidad la misma lente con la que intervienen en ella; si tenemos un modelo de abuso creeremos que el resto intenta hacer lo mismo con nosotros y reaccionaremos compensando.

Me quedo con algo que no me corresponde, aunque lo haga de manera legal como ocurre con el caso de la salud de las personas que no pueden abandonar el tabaco, pero compenso haciendo obras de caridad.

¿Compenso?  Es ilusorio, aunque claramente con la energía que facilita la inversión logre mostrar una “cara amable” que reclama cada vez más recursos para mantenerse temporalmente estable.

Demanda representa oportunidad

El problema de los negocios “controversiales” es que ganar abusando es más tenso que ganar facilitando.

Todo lo que genera complicaciones es administrativamente más costoso además de comprometer ganancias actuales y futuras, lo que complica ciertamente -y en profundidad-, es el futuro del negocio; su propia subsistencia.

Hoy somos legales pero es una situación que tiende hacia lo insostenible en tránsito cada vez más rápido.

La demanda creciente de la comunidad también puede tomarse como una oportunidad y hay empresas que lo hacen, que eligen este camino.

Considerar a la demanda de la comunidad como una oportunidad nos transforma en sustentables y en mucho más ricos que aquellos que no lo hacen.

La riqueza generada por abuso es una riqueza explosiva, por la forma en que crece y la forma en que se transforma en culpa y contamina todo lo que hagamos a partir de ella.

La riqueza sustentable, en cambio, es aquella que se genera a través de intercambios de valor en los que el dinero es protagonista pero no exclusivo ni excluyente.

Integrar al otro, a la comunidad, en lo que hacemos permite que los resultados de valor los generemos ambos y nos enriquezcan en forma simultánea.

La comunidad demanda lo que no obtiene por lo que si nos anticipamos y le brindamos el valor que necesita lograremos trabajar integrados empujando todos hacia el mismo lado y el rol de cada uno será facilitado.

Fernando Solari

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Sustentabilidad activa

La sustentabilidad nos ofrece una forma de gestionar los grupos en los que estamos involucrados de forma tal que los resultados sean de valor y abarcadores para todos los involucrados.

Gestionar un grupo de manera sustentable no depende de las personas que lo integren sino de su voluntad de generar acciones cuyos resultados sean de valor abarcando toda su humanidad; y la humanidad, de forma integral, la abarcamos si consideramos nuestras acciones según una triple línea de resultados.

Si actuamos sin generar recursos económicos estos deberán surgir de otras fuentes; esto llevado al terreno concreto equivale a que otro inyecte su dinero en nuestra actividad y, por esa razón, deje de hacerlo en donde considere oportuno.

Si actuamos sin respetar al resto de la comunidad, los estaremos obligando a que se adecuen a nosotros sin consideración por sus necesidades o deseos.

Si actuamos sin considerar al medioambiente que necesitamos para vivir y la naturaleza de la que formamos parte nos estamos poniendo en contra de nosotros mismos.

Cualquiera de estas formas de actuar lo que generan es una reacción contraria a nuestros propósitos que en realidad no es más que defensiva ya que no tenemos derecho para actuar desconsiderando a los recursos que consumimos.

Y justamente consumir no es un propósito sostenible porque demanda el agotamiento de los recursos de los cuales depende.

Actuar y comunicar

Gestionar de forma sustentable requiere transformar los recursos en valor, una actividad muy lejana respecto de consumirlos -o peor aún, de desecharlos-.

Transformar los recursos significa, en primer lugar, convertirlos en algo mayor a lo que eran por sí solos buscando la unión que los potencie.

Hay infinidad de variables que permiten transformar recursos en valor pero la que sobresale con capacidad de común denominador es el aporte capacitante.

Si sabemos hacer algo, si tenemos la salida o solución de un problema o necesidad lo vamos a conservar -nos vamos a apropiar de nuestro hallazgo- si lo compartimos y ponemos en evidencia el vínculo que nos une a nosotros con la solución que se obtiene aplicándolo.

Lograrlo va a demandar dejar de lado algunos prejuicios, en especial aquel que considera que hacer es suficiente y que el reconocimiento por lo que hagamos llegará como resultado de lo meritorio de nuestra acción.

Esto no es falso, tan solo es incompleto.

Tenemos que actuar y la forma de actuar, cuando la aplicamos para obtener resultados de valor en términos económicos, sociales y ambientales; es haciendo y mostrando cómo lo hacemos para que pueda ser imitado, replicado de forma tal que mantenga el vínculo de valor con quienes generamos el resultado positivo.

De esta forma vamos a lograr que los hechos no se limiten a generar recuerdos; al sumarle comunicación conseguiremos que se obtengan resultados aplicables capaces de generar valor a la comunidad de la que formamos parte.

Fernando Solari

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Sustentabilidad superadora

La sustentabilidad tiene un grado de complejidad -relacionado con su potencia creadora de valor y abarcadora- que no impide que pueda analizarse con simpleza por ser sencillos sus componentes.

En el núcleo de la sustentabilidad está la forma en que obtenemos ganancias cuando se trata de una empresa cuya misión incluye la rentabilidad necesaria para subsistir y evolucionar.

Sin ganancias no hay empresas y las empresas son tan necesarias como valiosas para toda comunidad que pretenda evolucionar de manera positiva.

La búsqueda noble por obtener ganancias tiene dos caminos para transitar en busca del mismo resultado.

La búsqueda por la obtención de ganancias nos lleva a encontrar todo aquello que nos pueda brindar el acceso a la ganancia o a su mejora.

Si podemos tomar recursos disponibles, si esos recursos los ofrece la naturaleza con su generosidad inagotable y con su increíble capacidad para recuperarse y reponer todo aquello que le brinda al hombre para su progreso, mucho mejor.

Otro tanto ocurre con los denominados Recursos Humanos, si a las personas podemos ofrecerles no solo un trabajo digno sino que además le brindamos un salario que les permita una vida sin privaciones ni sobresaltos es justo reclamar que nos brinden a cambio toda su dedicación y energías.

Los escenarios son dinámicos por lo que toda mejora será bienvenida considerando que quien nos ofrezca un beneficio superior será bienvenido y lo tomaremos como un aporte a nuestra búsqueda de rentabilidad sin que sea necesario evaluar consecuencias.

Por este camino, tan recorrido como naturalizado avanzamos hacia la optimización de la rentabilidad sin que importe a costa de quien se logre.

Mejora abarcadora

En relación con los caminos siempre los hay alternativos y el hecho de que algunos sean los más utilizados, tanto como para que se hagan costumbre y se den por descontados, de ninguna forma los hace mejores.

La búsqueda de la necesaria rentabilidad nos permite utilizar, para llegar a ella, caminos diferentes que nos ofrecerán resultados superadores.

El camino de la generación de riqueza es el que sobresale en este sentido ya que depende de un inicio en el que consideremos que lo que vamos a obtener será resultado equivalente de lo que generemos.

Si nuestro desarrollo tiene en cuenta a la naturaleza de manera tal que se enriquezca como consecuencia lo que obtendremos será riqueza también para nosotros en diferentes formatos que incluyen, como no podría ser de otra forma, a la rentabilidad.

Si generamos beneficios para las personas que trabajan con nosotros de manera tal que sus talentos se puedan desarrollar al máximo el resultado que obtendremos será superior al que podríamos aspirar de otra forma.

Si como consecuencia de nuestro desempeño beneficiamos a la comunidad de la que formamos parte nos beneficiaremos nosotros como miembros directos superando en mucho los resultados en términos de rentabilidad a los que podríamos aspirar de otra forma, aunque en ese caso no fueran sostenibles.

La sustentabilidad nos permite obtener el máximo de rentabilidad para nuestras empresas siempre y cuando lo busquemos persiguiendo el enriquecimiento de todos los que están involucrados con nuestra búsqueda.

Desde la sustentabilidad la eficiencia no equivale a la velocidad con la que obtenemos nuestra merecida rentabilidad sino a lo sostenible y abarcadora que ésta sea.

Fernando Solari

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Sustentabilidad colaborativa

El estado de la sustentabilidad es tan claro y estable como concreto; a la espera de que seamos capaces de generar -a través de todo lo que emprendamos, individual o grupalmente- en forma simultánea enriquecimiento económico, social y ambiental.

Para llegar a la sustentabilidad tenemos que superar algo mucho más profundo que nuestra  zona de confort, lo que tenemos que modificar son creencias incorporadas y consideradas válidas por muchos durante demasiado tiempo.

Posiblemente uno de los obstáculos más francos que se interponen entre nosotros y la sustentabilidad sea nuestra tendencia a la acumulación.

Hay miedos involucrados como hay evidencias que presentan a la acumulación como el modelo a seguir; si tenemos más seremos más y por obtener más haremos lo que haga falta hacer.

Lo necesario por obtener más puede estar a nuestro alcance o podemos poner energías en obtenerlo; podemos tener paciencia o indagar por las “vías rápidas” que nos permiten aumentar la acumulación.

Si el valor consiste en acumular todo lo que nos lleve hacia el éxito es un medio, si es tan importante acumular transformaremos lo que sea en herramienta para alcanzar lo que perseguimos.

Esta creencia, en buena medida, es la que alimentan los rankings de megamillonarios que hace que el resto soñemos con integrarlo, como sea; y los rankings suelen ser generosos porque incluyen a políticos corruptos, a narcos y a quienes han acumulado ganancias a costa de la naturaleza y las personas que los rodean ya que esta mirada los transforma en herramientas.

Mientras tanto, por fuera de los rankings, la riqueza no desborda ni salpica y la moda de donar la mitad de la fortuna de quienes superan la línea de los billonarios no logra más resultados que espacio en la prensa con autoelogios cruzados.

Dejar de mantener para generar

Los hechos tienen su peso y las evidencias están modificando la tendencia de la acumulación para llevarla hacia la colaboración.

Enriquecerse en soledad se transforma cada vez más en insostenible porque lejos de llamar la atención a los medios y la admiración de los contemporáneos atrae al peligro.

El peligro de la riqueza en solitario es lo insostenible de ser rico en un mundo de pobres, la atracción por la obsecuencia y la seguridad de que el daño que le hacemos al mundo y a la comunidad es un daño autoinflingido.

La colaboración permite que ganemos mucho más de lo que podemos ganar acumulando porque ganamos en una diversidad de valores más amplia y porque integrando al resto de la comunidad a los resultados éstos se aceleran y mejoran.

Colaborar con el resto de la comunidad considerando al medioambiente como parte nuestra genera valor integrador, duradero y superador a cualquier otra forma temporal.

La colaboración pone en marcha una potencia que demuestra que lo que se acumula pierde sincronicidad con el mundo que sigue generando valor y evolucionando sin tener en cuenta aquello que se detiene.

Quitar del circuito de colaboración recursos no es más que condenarse a perder la energía creadora, a quedarse sin vida.

Colaborar es la forma de llegar, antes y mejor, adonde nos conviene a todos llegar; a una vida sustentable que nos permita saber que el futuro siempre será mejor para todos y cada uno.

Fernando Solari

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Sustentabilidad grupal

La sustentabilidad es muy probable que nos abra el camino para llegar -finalmente- al tan deseado bien común, aunque tanto o más probable es que ese tránsito no necesite de la guía de un líder.

Entre las características del mundo actual hay una marcada evidencia de que ciertos y determinados países buscan líderes que resuelvan sus problemas y, además, los regresen adónde supieron estar a gusto.

Las opiniones respecto de la marcha del mundo en los últimos años -cualquiera sea el período que se considere y el sitio del mundo que se analice- nunca son ecuánimes ni justas; pero algunas certezas pueden considerarse como válidas, en especial aquella que señala la imposibilidad de recrear lo vivido.

Hay un nuevo mundo, esto es válido para cada día que transcurre, y ese nuevo mundo tiene características que conviene asumir.

Algunas de ellas son:

Los problemas no se resuelven con dinero, de hecho aquellos problemas más profundos, intensos y potentes; tanto como para conmover y quitar el sueño, no guardan ninguna relación con el dinero.

A aquellos que acumulan dinero, por la razón que sea, se les dificulta cada vez más mantener una vida pacífica y sin sobresaltos.

Se diluyen las posibilidades de imponerse como dominante cualquiera sea el terreno en que se lo intente.

La búsqueda de perspectiva lleva a un punto en que queda en evidencia que todos estamos en una casa común que no puede subdividirse cambiando el destino de sus partes.

Diversos unidos

La búsqueda de la solución de estas características planteadas suele ocurrir entre pares; los agricultores imaginan que las posibilidades de progreso son limitadas pero claras, como lo creen aquellos vinculados con las finanzas y tanto como quienes comparten un determinado origen, lengua o religión.

Solemos analizar al mundo utilizando nuestras lentes calibradas para nuestra forma de ver llegando a una respuesta y solución que se impone por claridad y definición de sus formas, tanto como le ocurre al resto de los grupos que analizan las oportunidades de progreso con los mismos derechos y entusiasmo.

El progreso solo será tal si nos lleva hacia el bien común considerando que no se trata del promedio de lo que cada uno de los que formamos el todo aspiramos a obtener sino de que cada uno obtenga la oportunidad de poner en marcha su vida tal como la imagina sin daños ni obstáculos inevitables.

Para esto tenemos que comprender que las soluciones solo son tales cuando se comparten y se guía a quienes necesitan aplicarlas para que queden en condiciones de hacerlo con autonomía y, a su vez, compartirlas con quienes sepan las necesitan.

Que no se puede ser rico en un mundo de pobres y que la solución no consiste en donar la mitad de la fortuna para demostrar sensibilidad al tiempo que se reduce la carga impositiva.

Que cualquiera que prometa resolver problemas liderando el regreso de viejas costumbres se encontrará con que ya no es sostenible; sin poder denunciar como complot a la realidad.

El cambio hacia el futuro no es individual sino grupal; requiere de grupos integrados por diversos que comprendan que los progresos deben ser puesto a favor del hombre como tal y que la naturaleza es su origen de la cual dependen para subsistir. 

Todo progreso que respete y fomente la dignidad de la persona, facilitando los recursos necesarios para alcanzar sus sueños en armonía con la naturaleza, no solo representa un futuro mejor sino que lo hace sustentable, y sostenible.

Fernando Solari

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