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¿IA socialmente responsable?

Hoy, hablando con un gran grupo de profesionales de varios países convocados por Cenarsecs (FCE-UBA) e invitado por Julián D'Angelo, me preguntaban sobre la responsabilidad social de las empresas de tecnología, en particular las de IA.

Lo que me hizo reflexionar es que la innovación tecnológica no puede avanzar como si el territorio, el agua, la energía, las comunidades y la democracia fueran costos secundarios del "progreso".

Los centros de datos pueden provocar presión sobre el suministro eléctrico, aumento en tarifas, uso intensivo de agua, contaminación, ruido, afectaciones comunitarias y desviación de recursos públicos mediante subsidios, producto de la intensiva demanda.

Pero también por el insaciable interés egoísta de rebasar por la derecha al líder en turno, en la carrera por ser el dominante en la explotación (perdón por el error, ¿debí decir por la exploración?) de la IA.

Lo más delicado no es solo el impacto ambiental, también la forma en que se toman las decisiones: acuerdos opacos, negociaciones privadas, convenios de confidencialidad y comunidades que reciben información incompleta sobre proyectos que pueden transformar su vida cotidiana con la construcción de verdades a modo del usuario.

El verdadero problema no es la tecnología. Es la ausencia de responsabilidad en la manera de desplegarla.

No toda innovación es progreso. Solo lo es aquella que se construye con responsabilidad, transparencia y respeto por la comunidad que la hace posible.

Un centro de datos puede parecer infraestructura invisible, pero consume recursos visibles: agua, energía, suelo, presupuesto público y confianza social.

Cuando una empresa promete progreso, pero exige silencio, subsidios y excepciones, ya no estamos frente a innovación responsable.

Los acontecimientos se han dado a tal velocidad que no hemos sido capaces de digerir y asimilar el impacto de lo que está ocurriendo.

Pero soy optimista (o quisiera serlo) de que, con el tiempo, como sociedad seamos más conscientes y empujemos para que se apliquen y privilegien prácticas más responsables y sostenibles.

Que prevalezcan solo aquellas empresas que sepan asumir con responsabilidad social los desafíos de una nueva era social, tecnológica y de conocimiento para bien y por el bien de la sociedad.