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La igualdad de género como una estrategia empresarial para pequeñas, medianas y grandes organizaciones es indispensable porque, aunque en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, la igualdad entre mujeres y hombres es un derecho consignado al más alto nivel de la legislación, todavía estamos lejos de que esto sea una realidad. 

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) calcula que, los efectos de la pandemia mundial por COVID-19 provocará una reducción de los niveles de ocupación de las mujeres que representa un retroceso de al menos 10 años.

De acuerdo con los últimos datos publicados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL):

  • El índice actual de participación de las mujeres en la población activa se aproxima al 49%. En cambio, el de los hombres es del 75%. 
  • Las mujeres ocupan dos tercios de su tiempo en trabajo no remunerado y un tercio en trabajo remunerado, mientras que los hombres ocupan su tiempo en la relación contraria. 
  • En cuanto al sector tecnológico, las mujeres representan 10% de las personas dedicadas a la programación y 14% en tecnologías de la comunicación, este restringido acceso tiene que ver con limitaciones del sistema educativo, estereotipos de género, discriminación laboral, desigualdad en el cuidado doméstico y de cuidados, estrategias de reclutamiento que no hacen evidentes las brechas de género.
  • En promedio el 21.9% de las mujeres trabajan en actividades de comercio, la alta concentración de mujeres en sectores de comercio, servicio doméstico y actividades de alojamiento y servicios de comida se ha asociado con una elevada incidencia de trabajo a tiempo parcial y salarios relativamente bajos (OIT, 2016). 

Este contexto debería traducirse en igualdad de oportunidades para participar en el empleo y en todos los aspectos de la sociedad, lo cual actualmente no sucede.

Vivimos un momento particular en la región y en el mundo. La crisis de la COVID-19,el progreso tecnológico, el aumento de la esperanza de vida de la población, el cambio climático y la globalización, junto a situaciones estructurales de informalidad, desigualdad, pobreza y baja productividad, marcan la agenda del presente y futuro del trabajo. 

En este sentido, en todas las regiones, las mujeres han tenido más probabilidades que los hombres de abandonar el mercado laboral y quedar inactivas durante esta crisis. Los trabajadores peores pagados, muchos de los cuales son mujeres, se han visto gravemente afectados.

Así mismo, los efectos de la pandemia entrañan el riesgo de que se inviertan los progresos realizados y se fortalezcan aún más esas brechas, en particular para las mujeres que sufren desventajas y discriminación por motivos múltiples, como el género, la etnia, la discapacidad y otros.

Mediante esfuerzos como la convocatoria para mujeres en la alta dirección, el comité de prevención y atención a casos de violencia, las medidas de corresponsabilidad como horarios flexibles, trabajo desde casa, cabinas de lactancia, la red de diversidad sexual y la capacitación en igualdad, las empresas podrán generar una estrategia de  igualdad que no implica grandes inversiones al presupuesto de la operación  y  tendrán  beneficios en el clima laboral, fidelización de los colaboradores, atracción y retención de talento, reducción de brechas así como ser referentes en la igualdad entre mujeres hombres que tanto necesitamos.

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Autor: Alejandro Pagés Tuñón.
Consultor en políticas públicas, economía y regulación. Twitter: @APagesT FB y Linkedin: Alejandro M Pagés Tuñón

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