Sobre responsabilidad social y otras estrategias para contribuir con un mundo mejor

A pesar de considerarnos la especie más inteligente del mundo, ni nuestra historia ni el presente están exentos de atrocidades cometidas en contra de otras especies y de los seres humanos. Si pusiéramos a discusión el concepto de inteligencia, nos daríamos cuenta rápidamente que esa consideración de nuestra especie como la más inteligente es bastante falaz, pese a los avances científicos existentes y los que serán descubiertos en los próximos días, meses y años, pero eso es tema para otro momento.

Hoy quiero hablar sobre las atrocidades cometidas por personas, instituciones y empresas en contra de otras personas, puesto que no quiero utilizar ni tampoco me gusta que se siga utilizando la responsabilidad social, la sostenibilidad, los objetivos de desarrollo sostenible, el pacto global y demás iniciativas que buscan un mundo más igualitario, menos catastrófico e injusto para “lavar” la imagen de empresas que aún atentan contra los derechos humanos, la naturaleza y otras especies.

Así como lo compartí en el post pasado (quizá sea una tendencia en mi escritura de este blog), estoy convencido que la responsabilidad social puede ser un camino. Y para que esa posibilidad emerja, hace falta que pongamos los puntos sobre las íes.

En este post referiré a dos autorxs: 1) Silvia Federici, escritora feminista que, entre muchas otras cosas, cuestiona la teoría Marxista y Foucaltiana por dejar afuera de su explicación histórica y sobre las relaciones de poder la perspectiva de las mujeres, y 2) Zygmunt Bauman, sociólogo polaco (que como Marx, Foucault y básicamente la historia general de la humanidad, no considera la historia y perspectiva de las mujeres dentro de su marco interpretativo) que tiene diversos escritos acerca de la modernidad, de cómo llegamos a ella y los estragos que estamos viviendo.

Por su parte, Silvia Federici en su libro Calibán y la bruja nos narra la historia de la Europa medieval que por las distintas revoluciones heréticas y milenaristas y su coincidencia con la peste negra donde murió entre un 30 y 60% de la población europea, la servidumbre exigió y tuvo las mejores condiciones de trabajo imaginadas y estaban luchando por mantenerse de esa manera.

Pero también nos habla de cómo hubo estrategias para frenar la lucha por este ideal, por esa “revolución”. Algunas de esas estrategias fueron la cacería de" brujas", la búsqueda activa de formas para dividir a la población, entre ellas promulgar leyes que permitían la violación de mujeres; de cómo se disciplinó a mujeres, se crearon e incentivó el uso de burdeles, se devaluó el trabajo femenino, se vieron como nuevos bienes comunes y sustituto de tierras perdidas y se dividió sexualmente el trabajo… Es decir (por favor, lee su libro, da clic para acceder al libro), atrocidades planeadas y cometidas por burgueses (quienes vivían en el burgo, dentro del castillo), señores feudales y la iglesia. Fue esta la tríada que además de privatizar las tierras y poseer medios de producción (que eventualmente fueron los dueños de las fábricas), la que prohibió que se trabajaran las tierras para sobrevivir, obligando a la entonces servidumbre a laborar a cambio de un tipo de dinero.

Y es aquí donde Bauman, un poco más adelante y sin considerar la perspectiva e historia de las mujeres, nos habla de la ética del trabajo, una estrategia que “promovía una ética de la disciplina: ya no importaban el orgullo o el honor, el sentido o la finalidad. El obrero debía trabajar con todas sus fuerzas, día tras día y hora tras hora, aunque no viera el motivo de ese esfuerzo o fuera incapaz de vislumbrar su sentido último” (p. 20 de Trabajo, consumismo y nuevos pobres).

En la cruzada, como le llama Bauman, por imponer la ética del trabajo “la batalla era imponer el control y la subordinación. Se trataba de una lucha por el poder en todo, salvo en el nombre; una batalla para obligar a los trabajadores a aceptar, en homenaje a la ética y la nobleza del trabajo, una vida que ni era noble ni se ajustaba a sus propios principios de moral” (p. 21 de Trabajo, consumismo y nuevos pobres). … Y bueno, aquí sucedieron muchas cosas, entre ellas la separación del trabajo con sentido social, que tenía una dignidad (un poco lo que buscan las empresas sociales hoy en día) a un trabajo que meramente nos convertía máquinas de un engranaje donde se creaba un producto alejado de un sentido social; programas de beneficencia; asistencialismo, relatos morales, escuelas, y demás acciones.

Pero, como dice Bauman, en la práctica la forma de hacer que las personas trabajaran fue precarizar al nivel de matar, las situaciones de vida de las personas que no trabajaran y “empujar a los trabajadores a una existencia precaria, manteniendo los salarios en un nivel tan bajo que apenas alcanzara para su supervivencia hasta el amanecer de un nuevo día de duro trabajo. De ese modo, el trabajo del día siguiente iba a ser una nueva necesidad: siempre una situación ‘sin elección’” (p. 31).

Históricamente han existido empresas y empresarios que han arriesgado sus negocios y vidas por las demás personas. Ahí está la famosa película de la lista de Schindler donde se habla de cómo Oskar Schindler salvó a miles de judíos durante el holocausto en las inmediaciones de su empresa; también tenemos ejemplos nacionales como Eugenio Garza Sada, que sostenía que “el respeto a la dignidad humana está por encima de cualquier consideración económica”; o bancos nacionales como Banregio, que a diferencia de bancos internacionales con tasas de interés que superan el 100% anual, ofrecen la tarjeta y los préstamos con interés más bajo en el mercado para simples mortales (personas de Banregio, si me leen me encantaría trabajar con ustedes, no les conozco a profundidad, pero su proyecto tiene un futuro maravilloso relacionado con el desarrollo equitativo de las personas en el país)... El caso del Proyecto Alcatraz creado por la fundación Santa Teresa en Venezuela... y más...

Existen empresas, y no son pocos los casos, que como en la historia que nos narran Bauman y Federici, han explotado y explotan a sus trabajadores, participan en trata de personas, esclavitud, violación de derechos humanos, que contaminan el ambiente (como por ejemplo, el Río Santiago a la vista de todo el mundo que quiera ver), que extinguen especies y más atrocidades. Y es ahí donde la responsabilidad social es un camino. Si llegamos a trabajar para esas empresas como colaboradores o consultores, debemos lograr otras formas de operación. Sé que es importante, y más ahora en momentos de desempleo conservar nuestros trabajos, pero de ahí a enaltecer prácticas negativas hay un gran trecho. Debemos levantar la voz, debemos impulsar cambios en la forma de operar de algunas empresas. He ahí la posibilidad de la responsabilidad social como un camino para un mundo mejor.

Si callamos y nos hacemos de la vista gorda perpetuaremos los sistemas que destruyen día con día la vida de personas, especies, floras y faunas.

 

 

 

 

Miembro Destacado

Por: Dr. Francisco Suárez Hernández, Director de Asuntos Corporativos de FEMSA Negocios Estratégicos y Ex Presidente del Consejo del World Environment Center.

Correo electrónico: francisco.suarezh@gmail.com

 

Héctor Muskus